Y yo enmudecí... ante ese suspirado presente cargado de toda su esencia. Un presente colmado de un fragmento de alma fagácea, esa que pone de relieve un todo de él y que está muy cerca de mi, muy dentro de mi.
Y con los ojos cerrados, lo contemplo, lo huelo, lo acaricio, le regalo la sonrisa de mis ojos y el amor que aflora de mi boca, paladeándolo...
Y me aferro con las manos temblorosas a su talle como quien se aferra dulcemente a la vida, con los dedos entrelazados a la precisión, a la delicadeza de los suyos. Palpando y recorriendo a golpe de caricias cada una de sus curvas, cada uno de los recovecos que con mimo entrega a mis ojos. Esos ojos que ven mucho más allá del envoltorio y que tienen el privilegio de disfrutar de una mirada táctil capaz de sentir y acariciar lo más excelso que hay en él.
Siento vértigo al desprenderse su aroma, trato de sujetarme, de no desbocarme, de no malograr el instante pero es entonces cuando inevitablemente mis ojos pierden el equilibrio y me derramo en él, sobre su semblante curtido...
De repente a mis espaldas siento las cosquillas de su sonrisa que me acoge en sus brazos. Le sonrío y me arrulla con su voz pendular hasta hipnotizarme y conseguir que por unos instantes me transforme en la princesa del castillo que rodea su reino. Y desde lo alto de la torre bañada en sangre azul cielo alcanzo a tocar las nubes y revoloteo hasta lo más alto para divisar el horizonte y lo froto con el alma hasta que emane el genio de la luz, creo a ciegas en él y en el todo suyo que ya es todo mío...

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Ella me confesaba embelesada....
Solo parece un flor más pero es mucho más que eso.
Es de esas flores que brotan en cualquier época del año aunque solo crezcan a la orilla del seno de las costillas. De esas flores que están enraizadas profundamente al órgano palpitante. De aspecto aterciopelado, deslumbrante y acariciante. Esas que derraman el carmesí por cada uno de sus pétalos porque a través de ellos circula, asciende y desciende la savia de la vida, la ardiente sangre.
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¿Sabes?
Nadie es capaz de verla, solo yo, porque permanezco a su lado noche y día, ocultas la una en la otra. La mimo, la cuido, la susurro, la sonrío... y ella lo recompensa todo regalándome su mágica esencia. Pero sólo tras las cortinas de la noche desvelo mi verdadera pasión por ella. Cuando se despeña el rumor, cuando solo se atisba mi palpitar, es entonces cuando más late ella y sus métricas caricias se multiplican por mil sobre mi piel, entre mis pechos...
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Entonces ella se aleja durante unas horas de su lago y vestida para mi con trasluces de Lirio de agua yergue su radiante pistilo y penetra en la cueva de mi alma salvaje para bañarla con la luz de su polen.
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Y su boca susurra en mi sexo, y su sexo respira hondamente sobre él hasta yacer en un profundo sueño. Y mis piernas abrazan y aprietan dulcemente su sexo aletargado para dormir juntos, soñando y muriendo...
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Y sé, que no podrá aromatizar cada una de las estancias de su piel, solo de la mía.
Y sé, que esta flor es solo mía.
Y sé, que no es compartida.
Y sé, que no quiero saber.
Y sé, que ella es la más grande y eso me hace a mi un ser pequeño, muy pequeño.
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Y sé, que a veces, hubo alguien que sintió su aroma entre mis escrituras aunque no se bañara de él.
Y sé, que otros creyeron oler pero ni tan siquiera sus perfiladas narices lograron alcanzar el aroma de mi verdadera flor.
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Y sé, que solo hoy salió a relucir mi secreta flor porque se sentía asfixiada, porque necesitaba emerger para tomar todo el aire que sus pulmones puedan albergar. Porque quedará envasada junto a mi alma entre cristales, al vacío, pero por más que busques no encontrarás la fecha de caducidad...
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Y yo enmudecí...
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Es la irreverente sábana crepuscular la azuzadora de esas bestias interiores.
Es la fantasía el sereno que ronda las calles de la caudalosa sangre, el ama de llaves de todas nuestras puertas secretas.
Es el corazón encaracolado el borracho de turno que altera la respiración del acelerado pecho despertándolo de su profundo letargo.
Es el noctámbulo instinto el instigador de actos inconfesables, de impulsos desatados y de la desnudez con finos encajes de tapujos.
Son ellos los culpables de ese baile privado, quedamos eximidos de cualquier condena y... que nos quiten lo bailaó.
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Emerjo oscura y lánguida. Callada, siempre callada, y cabizbaja. Cómplice de su caminar y fiel a todo su ser hasta mucho más allá de la eternidad. Siempre que una mínima luz sonríe, solar o artificial, no importa, allí estoy yo, siempre estaré... Permanezco ahí, a su vera, adosada a su cuerpo, a sus pies, a su alma... Ella arriba y yo abajo, ella en pie y yo abatida en el suelo. Ella acariciando al Sol y yo desgastando la tierra. Ella danzando con el brillante aliento y yo arrastrando mis contornos por el opaco abismo. Cuando su carne y todo su ser es iluminado, yo muestro mi perfil, su perfil. Todo él dibujado y henchido de negrura.
Las muchas noches sin brillo, la oscuridad de su habitación, la ausencia de la luz... me disipan y desaparezco en la nada porque nada soy. Sólo soy una sombra, su sombra. Esa que no puede vivir sin luz. Y a ella siempre le sonrío, con los ojos, para que su cuerpo y su alma nunca me abandonen. Aunque a veces la brisa artera empañe y desdibuje el contorno de mi mirada y me descomponga en mil crepúsculos.
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No puedo recordar ese preciso momento. Ese instante en el que mis ojos se encontraron con los tuyos y pude por fin tocar las estrellas que manaban de tus manos, de tus dedos y de cada una de tus letras. Sí recuerdo esos ingrávidos andares de tu mirada, un pasito con el entrecejo y varios pasitos titilando con las pestañas. Ese caminar tan etéreo y a la vez tan terrenal que definitivamente me hizo rendir a tus pies. No puedo recordar en qué minuto exacto, de qué hora y de qué día, mi corazón cambió su rumbo, cambió su palpitar para acelerar todo mi flujo sanguíneo y dislocar mi arteria principal. Tampoco recuerdo cuando tu boca clavó su mirada en la mía, ni cuando mis labios se embebieron de las palabras que salían de los tuyos, hasta embriagar las mías también. No recuerdo como enhebraste la poesía con la hebra roja del alma, ni como hilvanaste las marañas de la razón a la seda roja del amor. Mi memoria sólo alcanza a recordar, porque no recuerdo como olvidar, que conseguiste que del cemento brotaran las flores...

servido por mantis-r
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Llegará el día, ese día. Cabalgando Godivo a lomos del temperamental viento, espoleando las bravas incógnitas, empuñando su afán y rejoneando a los soplos ciclónicos. Y cortará las ramas de las nubes a golpe de hierro candente para abrirse paso en el bosque amazónico. Y nos enroscaremos en las tensas lianas para volar de suspiro en suspiro y alcanzar la cima del ¡por fin!.
Y hoy le susurro al viento con gritos destemplados que necesito un héroe, le necesito a él y por eso debe trotar huracanado para mi. El viento se ha transfigurado en mi héroe...
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servido por mantis-r
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Hasta el infinito de la noche mis ojos jadeantes persiguieron sin tregua el aroma de su cuello. Levitaba entre doseles de seda, majestuosa, como una gran reina abarcándolo todo, entronizada en la envolvente oscuridad y coronada por el sonrosado Venus. Por un eterno instante quise ser ella, con su tez de plata y sus misteriosos ojos azabache. Quise ser esférica, sin fin y eternamente grande. Quise ser la causa de todas las mareas, de las olas del mar y de las olas de tu mar. Quise ser el alma de todas las noches y quise ser la invasora de su lejana morada. Quise ser la luz que alivia a los enamorados en la distancia, la misma luz que todos ven desde cualquier punto de la tierra. Hasta quise succionar su sangre nacarada dejando que un hilo plateado recorriera mis labios, mi cuello y mi corazón...Sentía envidia de ella, envidia de sus destellantes compañeras, envidia de su inalcanzable altura, envidia del poder que ejerce sobre los maravillosos locos y envidia de su inigualable magnetismo. Sentí mis pensamientos invadidos por su esencia, me acurruqué al filo de mi cálido querer y creí volverme loca, lunática y... asesina. Anoche quise pegarle un tiro a la Luna, sólo el influjo de tus ojos celados en ella me hicieron enfundar la pistola...

servido por mantis-r
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¿Quién dijo que la esperanza es verde?
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Pues yo la tengo sujetada con mi mano y es de todos los colores.
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No pienso soltarla y mucho menos un año que sumado número a número podemos reducirlo a dos; tú y yo...
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2 + 0 + 0 + 9 = 11
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1 + 1 = Tú y yo
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Cuestión de matemáticas...
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¡Feliz Tú y Yo..!
servido por mantis-r
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